JORGE ALARTE NO ES EL PSPV-PSOE
Desde finales de 2008 es usted, Sr. Alarte, el nuevo Secretario General del PSPV por un escaso margen de votos frente a su contrincante, el alcalde de Morella, Ximo Puig. Se vivió allí, en el Palacio de Congresos de Valencia, una intensísima tensión entre los partidarios de usted y los que apoyaban a Francesc Romeu o a Ximo Puig, los cuales, a última hora, se unieron en una sola candidatura, encabezada por éste último. Contaba usted con el apoyo de gran cantidad de compromisarios de Alicante y resto de su provincia, incluidos de manera muy especial los representantes de Benidorm; Maite Iraola abanderaba su apoyo, al igual que, desde Madrid, su hija, Leire Pajín. Con ellos está ahora muy "distanciado", por algo será....
Usted se presentaba con la imagen de un profundo cambio respecto al "dolce far niente" que venía arrastrando Blanquerías desde hacía demasiado. Sin embargo, desde un principio, bastante antes del Congreso, algo de usted me llamó negativamente la atención: la dificultad para contactar directamente con su persona; siempre era otro el que respondía -a modo de filtro- al marcar su teléfono, éste era Salvador Broseta. Ya entonces marcaba la distancia propia de soberbia de los que no son nada, pues era usted en esos momentos simplemente alcalde de Alaquàs y aspirante al cargo Secretario General del partido en la Comunidad Valenciana. Es decir, era muy poco políticamente hablando, comparado con otras personalidades a quien yo conocía y por quienes siento un profundo repeto y afecto. Curiosamente, estas grandes personas son de una distinción y categoría extraordinarias y, quizá justamente por ello son de una humildad admirable: su teléfono siempre está disponible para hablar con quien desea consultarles algún problema, hacerles una sugerencia, e incluso manifestarles alguna crítica. Ésta es la grandeza de los grandes.

Es Antonio Asunción, en estos momentos, el único referente serio, comprometido, y representativo de la identidad propia del Socialismo; es el excelente líder de este socialismo que Alarte ha diluído en provecho propio. No por no apoyar a Alarte es uno menos socialista. Al revés. Es ahora cuando se impone el imperativo de los que sentimos en nuestros corazones los ideales del socialismo no como fin en sí mismo, sino como medio para transformar la sociedad, ayudando a los que más lo necesitan, reduciendo las distancias tan abismales entre pobres, cada día más pobres, y ricos, cada día mas ricos, luchando por una sanidad y una enseñanza públicas y de calidad, de reiterarnos en nuestras convicciones. Debemos clarificar ante quien quiera escucharnos que Alarte no representa el socialismo. Él sólo se representa a sí mismo; le da lo mismo ganar al PP que perder parlamentarios, lo importante es colocar sus posaderas en un lugar inamovible y mener la belle vie "sine die", pues es incapaz de solventarse sus alubias por sí mismo.
Socialistas de corazón y alma, activistas, militantes, simpatizantes, debemos unirnos en torno al ideario socialista y trabajar con todas nuestras fuerzas por él. No es fácil, pero tampoco imposible. No tenemos, por ahora, ni el aparato ni los mejores medios, pero la fe mueve montañas. Máxime cuando no es precisamente de fe de lo que hablamos, sino de algo real y palpable que, juntos, hemos de hacer funcionar.
Ánimo, alegría, ilusión y fuerza. Si queremos, podremos. Y sí que queremos.
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