lunes, 21 de octubre de 2013

"Hemos hecho lo que teníamos que hacer"

Lo ha dicho Rajoy en Panamá refiriéndose a las maldades realizadas en España, a la vez que daba todo su apoyo a 'la magnífica secretaria general", Cospedal, tras su 'tête a tête' con Bárcenas en un juzgado de Toledo, aunque este, desde el plasma, dejó bien clarito que "Es mi mano la que da los sobres a Cospedal" para añadir: "En febrero de 2009, con el caso Gürtel, se paraliza la entrada de donativos y se reparten los saldos que quedan en la contabilidad paralela a Rajoy y Cospedal". 

A las preguntas de los medios de comunicación acerca de Bárcenas Rajoy no ha respondido, porque sus palabras son siempre flatus vocis. "Todo lo que tenía que decir sobre este asunto, ya lo dije en el Parlamento" es no decir nada, no responder. No hace falta recordar aquel 1 de agosto ante la Cámara Baja.
Y es que Rajoy tiene un cinismo tan acusado como es el no tener vergüenza, y lo mismo sucede con el grupo de facinerosos que ha nombrado como ministros y altos cargos de la cúpula del PP.

Ya en 2008, en Valencia, ante Paco Camps, "Gracias, Paco, siempre estaré detrás de ti, o delante, o a un lado". Entoces aún no había 'llovido' la Gürtel valenciana. Lo mismo respecto a Carlos Fabra, el de la lotería, el del aeropuerto de hurones y conejos, el del cabezón de estatua, el padre de aquella del "que se jodan", el superimputado por infinidad de 
delitos... al que Mariano agasajó vergonzosamente: "Fabra es un ciudadano y un político ejemplar".

También ampara a Montoro: "Es un magnífico ministro de Hacienda". Y sigue protegiendo a Wert, el ministro peor valorado en todas las encuestas por su ideologizada y clasista y malvada Ley de Educación (LOMCE). Y da a su soporte a la segunda peor valorada, sor Fátima, la que traspasa con absoluto descaro a la virgen del Rocío la responsabilidad del empleo y de las pensiones.

Y la ministra Mato, que en su haber recoge los peores ataques que se pueden realizar en materia de Sanidad, violencia de género y cuantos actos inhumanos podamos imaginar, cuenta con el máximo cariño de este personaje que todavía es presidente del Gobierno.

Y así podríamos continuar páginas y horas inacabables. No en vano Rajoy tiene bien ganado el título de El Gran Mentiroso. Además, cada día que pasa es más notorio que sus bolsillos están en B. Así lo reflejan medios de comunicación extranjeros.

De esta manera nos está yendo a los españoles. Cuesta abajo sin cesar hacia la pobreza extrema, la de pedir. Pasan ya de tres millones el número de personas que se encuentran en esta situación. Y la cifra va a más. Mientras tanto el número de millonarios son cada vez más ricos, riquísimos. En este país la cifra de millonarios creció en un 13% entre la segunda mitad de 2012 y la primera de 2013, según el banco Credit Suisse.

Ante esta enorme desigualdad, Cospedal tiene la cínica desfachatez de afirmar: "La solidaridad está en los genes del PP".

El desconcierto de la ciudadanía, el miedo incluso, es caldo de cultivo para los grupos ultras, estos que defienden el nazismo y que están amparados por Rajoy y el partido que lo apoya; sabemos cómo se niegan a ilegalizar a estos bastardos agupados partidos. El brazo 'armado' de Rajoy.

La oposición es excesivamente tibia, en especial el llamado principal partido de la oposición, que espera a que el gobierno del PP caiga del poder por sus propias atrocidades, para seguidamente ocupar su puesto. Y así perpetuar el ya insoportable bipartidismo. Ni les importa ni se percatan del daño que están haciendo a la ciudadanía cuya pésima concepción de la casta política va in crescendo irremediablemente.

Ante la situación presente la única solución que nos queda es la unión de cada vez mayor número de ciudadanos protestando día sí, día también, en las calles. Sin cansancio, sin temor, con alegría y con la indudable certeza de que somos más y que nuestra fuerza es la razón.

Precisa es la pedagogía política, la transmisión de la importancia que cada uno de los ciudadanos tenemos en una democracia. No vale 'elegir' cada cuatro años, hay que decidir qué queremos y a quiénes queremos al frente de este país. Queremos participar en las decisiones políticas. No ser meras marionetas que depositamos un sobre en unas urnas para que, después, de nuestro voto se rían y se burlen en las propias narices.


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