miércoles, 16 de febrero de 2011

ENTRE BOBOS ANDA EL JUEGO

- ¿Qué, has hablado con ella?
- Claro, hemos tomado un café, como siempre.
- Pero...¿Le has mencionado el tema?
- ¿El qué? Ah, sí.
- Y... ¿qué te ha dicho?
- Nada que no supiera. Me ha contado un cuento o una novela o no sé qué. Me ha dicho que es antiguo. Sí, creo que se llama "Entre bobos anda el juego". Al principio no entendía nada, pero después de explicarme unas cosas estaba todo muy claro.
- ¿Y de qué trata?
- Hay unos personajes, líos de amores y más cosas. Oye, lo podrías leer. Para ser antiguo, después de los romanos y de los árabes, no está nada mal.
- Ya, pero a mí eso de leer  no es que me guste mucho, prefiero las películas.
- Yo antes también pensaba lo mismo, pero ahora creo que debí aprovechar mejor el tiempo cuando era más joven. Es posible que a estas alturas haya llegado tarde. Y es que lo fácil siempre es más atrayente.
- Bueno, si hay alguna novedad, ya me avisas. ¿Vale?
- De acuerdo.
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Ella se quedó pensando en esta ¿conversación? que le contaron. Le dolió, una vez más, la superficialidad y la cobardía de la gente.
Y ahora, ¿qué más querían?, ¿acaso no sabían de su firmeza de carácter, de su ir siempre de cara y con la verdad por delante?
Por su pensamiento pasó de forma muy rápida una serie de flashes de su vida, de la de sus hijos, de su entrega al Partido que lleva en el corazón. Las calumnias que sobre su persona habían escupido lenguas viperinas, llevadas por la envidia ante su carácter fuerte, insumiso, luchador y especialmente valiente. Demasiados obstáculos ante la debilidad de sus piernas, y siempre vencidos por una voluntad incansable. Esa era su fuerza, la fuerza de voluntad que se derramaba por todo su ser, transformándola ante los demás como si fuera de piedra, y de piedra era por dentro mientras la lucha duraba. No se había doblegado nunca ante la irracionalidad o el chantage. Aborrecía todo lo que se asemejaba a babosear, a procurar obtener cosas con la mansedumbre de los tiralevitas. Sólo el esfuerzo  y la entrega eran las armas adecuadas para la consecución de los objetivos propuestos.
La ambición desmedida tampoco era de su agrado, pues podía obligar a traicionar a los propios incluso. Nunca distinguió entre las armas masculinas y las femeninas. Lo de "armas de mujer" la ponía de los nervios, porque era degradar a la mujer misma, y una absoluta contradicción con la defensa de la igualdad entre varones y mujeres.
Odiaba que la engañaran. La doblez nunca fue con ella. Lo que haya que decir, pronto y a la cara. Si hay diversidad de opiniones -lo más normal-, se dialoga con raciocinio. Quizá se pueda llegar a un punto intermedio, válido para todos.
Pero no son estas cosas las que suelen verse amablemente en nuestra sociedad. Al parecer, lo que "se lleva" es la apariencia, la palmadita en la espalda y el criticar por detrás, aunque sea sin fundamento.
Siempre ha pensado que cada cual tiene en su casa demasiado para resolver como para meterse en vidas ajenas. Por ello, es absolutamente intolerante con la bajeza y la ignorancia por no querer saber la verdad y vivir tan solo de apariencias. Ha conseguido ser libre. Al menos todo lo libre que se es posible ser. A ratos perdidos le da por escribir en el blog que se abrió, al que ha conseguido poner fotos y vida a través de la música. También para escribir es libre, tanto como el viento. Sus temás dependen del día y sus circunstancias. Igual habla de sentimientos íntimos fantaseando, opina sobre la res publica o inventa cuenticos. Y le jode que haya gentuza odiosamente cobarse que, amparándose en el anonimato, tergiverse lo allí escrito y ose insultarla.
Ante estas incursiones en su vida privada -sus escritos lo son- y la manipulación odiosa de los mismos, ella se crece y afina sus garras, como en otras ocasiones no le ha quedado más remedio que hacer. Aquí y allí no encontraremos, y con la mirada fija en la mía, quiero que se me repita lo que aquí tan vilmente y con tanta cobardía se escribió.
Vivo tranquilamente mi vida. A nadie busco y a nadie encuentro, pero quien buscarme quiera sepa que me encontrará.

2 comentarios:

  1. "Lo que haya que decir, pronto y a la cara" Pertenece a tu escrito. Yo te lo quiero decir pronto y al corazón. Porque no conozco tu cara. Pero tu pluma me ha presentado -y creo que lo voy conociendo- tu corazón. Toda tú eres corazón en esta página. Por eso firmo mi comentario con nombre y apellidos. Nunca anónimo.

    Gracias, "venerable ancianita" Gracias, alma rebelde. Porque vas desbocada de fidelidad, de coherencia, de lealtad. Gracias por tu palabra joven, fresca, volandera, libre, clara como una luna clara.

    Tenemos la obligación de ser fieles. Debemos caminar enamorados de la verdad-compañera. El amor nos hará libres. Servidores de la palabra, administradores del compromiso, portadores del agua limpia para las almas limpias.

    Cuántas cosas me gustaría decirte a la luz de este autorretrato que has escrito. Así te queremos. Así te necesitamos. Así te exigimos que seas. Así vale la pena mandarte un beso y muchos más.

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  2. Hola, mi querido amigo. "No es tan fiero el león como lo pintan", pero es cierto que nunca he podido convivir con la mentira, ni con la bajeza ni con la cobardía. Por eso soy tan dura con los anónimos o psudónimos (que viene a ser lo mismo). Y por lo que te conozco, que son tus bellas y siempre acertadas palabras, tú eres igual. Siempre con la cabeza bien alta, sin doblegarte ante las injusticias, y luchador por la libertad. Esta libertad que nos hace dignos como seres humanos.
    Y no sabes, mi querido Rafael, el bien que me hacen tus palabras. Palabras de comprensión, palabras de complicidad en el compromiso por la verdad-fidelidad.
    Es duro convivir con la mansedumbre doblegada por el miedo al qué diran o a no sentirse señalados. Nunca he comprendido esta actitud cobarde. Por ello el círculo de "amistades" me las voy autorreduciendo. Estaré equivocada, puede ser, pero soy así. Mi único temor es que mis hijos estén enfermos o que sufran, aunque nada pueda hacer yo por evitarlo. Pero a nada más temo, ni a mi propia enfermedad.
    Mi madre era una persona entregada a los suyos y a los demás hasta la extenuación. Trabajadora y luchadora incansable, procurando que nosotros, sus hijos, pudiéramos labrarnos el porvenir que a ella le fue negado por el fascio de los "cuarenta años de paz". Con el paso del tiempo recuerdo a mi madre, fallecida demasiado tempranamente, cada vez con mayor admiración y amor.
    Y si tengo algunos rasgos de ella no son mérito mío; no es más que herencia genética.

    Gracias siempre, amigo. Por el azar de estas tecnologías de internet te he conocido a través de tus sosegadas pero firmes palabras, intensamente impregnadas de esa belleza que me admira.

    También yo te mando un beso, querido y respetado maestro-hombre-de-bien-valiente-y-audaz.
    Gracias.

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