miércoles, 25 de marzo de 2015

TAMPOCO LOS MUERTOS VALEN LO MISMO

Una nueva tragedia se ha producido hoy: el accidente del avión de Germanwings en los Alpes franceses con el fallecimiento de 150 personas, entre ellas 15 españoles.

Fuerte conmoción en toda la gente de bien, que nos unimos sinceramente al dolor de los familiares de las víctimas.

El Gobierno español, del Partido Popular, aún sin la presteza del presidente Hollande, ha conseguido organizarse y, bajo la presidencia de Soraya Sáez de Santamaría, ha montado su gabinete de crisis con la finalidad de colaborar con Francia y Alemania en el esclarecimiento de los hechos y la repatriación de las víctimas españolas. Tres días de luto oficial han sido decretados.

Hasta el momento, totalmente de acuerdo con lo hecho.

Sin embargo también ante las tragedias es evidente que no todos los muertos valen lo mismo.

El 3 de julio de 2006 se produjo en Valencia otra catástrofe. El accidente evitable de la línea 1 del metro segó la vida de 43 personas y dejó seriamente heridas a otras 47.

Valencia estaba vestida de gala blanquigualda por aquellos días. La alegría y el jolgorio llenaban las calles de la capital del Turia. Se esperaba la llegada del Papa Ratzinger para el V Encuentro Mundial de las Familias. 

El súbito infortunio del metro dificultaba el proyecto del programa pensado para tal incomparable evento y, evidentemente, incomodó a las autoridades locales y autonómicas, que tenían todo previsto ante la excelsa llegada de tan ilustre personaje.

Todo sucedió rápido. Se recuperaron, ¡de qué manera!, los restos de los muertos diseminados en el túnel de la estación de Jesús. Se habilitó con celeridad el pabellón donde se ubicaron los féretros. Y rápido, muy rápido, se celebró el funeral correspondiente con la presencia de Felipe Y Leticia, príncipes entonces. Acudieron también el Presidente y miembros del Gobierno. Una visita apresurada, corta, un verte y no verte.

Fue una misa inmensamente triste. No únicamente porque fuera un réquiem de muertos. La frialdad que emanaba del ambiente de la Catedral se debía a otra causa. El tiempo corría y había que acabar cuanto antes. La despedida del duelo sucedió también rápida. Los vehículos fúnebres partieron a sus distintos destinos llevando con ellos a los muertos que tanto molestaban. A mediodía, además, ya habían tenido sus cinco minutos de silencio...
La hora de Ratzinger se acercaba y apenas quedaba tiempo para mudar los colores de los vestidos. Y los semblantes. 

La fiesta volvía a comenzar y con ella el dinero de los valencianos se evaporaba en una siniestra trama de corrupción que, como columna vertebral, presuntamente anida en el Partido Popular.

El Gobierno de España no decretó luto oficial. No. El Gobierno autonómico, del PP, se limitó a dar carpetazo al asunto sin querer investigar las causas del mayor accidente en la historia del metro. Se mintió. Se acalló a la televisión autonómica, Canal 9. Dijeron: la culpa fue del conductor, también fallecido.

A día de hoy sigue habiendo cero responsables políticos. Y fueron 43 muertos. 43 familias destrozadas a las que Francisco Camps, en aquel momento Presidente, se negó a recibir.

Hoy la desdicha, los muertos, han vuelto a ser noticia y muy sonora. La tele ha estado dando información a lo largo del día. No como en el accidente del metro.

Desconozco lo afectado que pueda estar Mariano ante la muerte de 45 españoles en la tragedia aérea. No es proclive a mostrar sentimientos. Un gesto, como de asco, es lo más que suele expresar. Cada día mueren enfermos de Hepatitis C por no administrarles el fármaco necesario y tampoco las caras del Gobierno del PP parecen alteradas. Ni ante el drama de los desahucios. Ni por las víctimas del tren Alvia, en Santiago.

Pero el asunto del avión  Airbus A-320  no solo afecta a España. En liza aparecen otros países, Francia, Alemania y Turquía. Hay que dar la cara.

Europa y el mundo entero nos miran. Y hay que aparentar, al menos. Y sacar rédito político si algo se puede arañar. Mariano Rajoy se ha puesto de inmediato en contacto con su jefa Merkel  y con el Rey,  y ha llamado también a Pedro Sánchez para aunar actitudes al respecto. Incluso en situación tan luctuosa el 'juego de tronos bipartito' es potenciado. Y las desavenencias con Artur Mas, President de la Generalitat, parece que han quedado también aparcadas. 
Todos, cara seria, han aparecido en correspondientes ruedas de prensa manifestando su consternaciónToca ahora comportarse como hombres de Estado

El mismo Rajoy va a acudir al lugar del siniestro. Su visita, anunciada, será publicitada.

Nada semejante sucedió con la tragedia de Metrovalencia. No hubo entonces hombres de estado, solo canallas. Pero hoy la foto es necesaria.

Queda claro, pues, que aunque sea a nivel de información, de noticias, tampoco los muertos valen lo mismo.



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