lunes, 15 de octubre de 2012

DE NECIOS Y TRUHANES: EN MEDIO, WERT

Jose Ignacio Wert, ministro de Deseducación parece que tiene intención de pasar a la historia, aunque sea por sus continuas necedades. Desde su nombramiento como ministro ha mostrado una incompetencia tal en sus decisiones, que ha conseguir poner contra él a todos los estamentos que abarca su ministerio: los artistas, los profesores, los alumnos y los padres de estos, los rectores, los deportistas....y con su despotismo y soberbia en el asunto de Cataluña ha encizañado todavía más la cuestión con sus desafortunadas palabras. "españolizar a los niños catalanes". Preguntado una y otra vez sobre sus expresiones, chulo él, se reafirma en lo dicho, haciendo más espesa la cortina de humo que conviene tanto a Mas ,con su extravagante independentismo, como a Rajoy con  el extremo fracaso de su política de recortes que ya a nadie convence de la UE.

La defensa de Rajoy -cobarde siempre e incapaz de aceptar la responsabilidad de sus decisiones- es que el anunciado separatismo de Mas, al frente de CiU en Catalunya ha desconcertado a los mercados, que estaban absolutamente convencidos ya de las "bondades "de la política rajoyiana. La culpa de que su prima, la de riesgo, no baje, ni que los gobiernos de países ricos de Europa miren al presidente del gobierno español como un bicho cada vez más raro y que no inspira confianza es, según el presidente, de Artur Mas y su manía de la independencia catalana, justo ahora.

El deseo de Catalunya como Estado independiente y defensor de su cultura y su lengua no viene de Artur Mas, sino de muy lejos, es algo interiorizado en el corazón de los catalanes y que podría remontarse al rechazo a los Decretos de Nueva Planta del borbón Felipe V, y posteriormente a la primera década del siglo XIX (1830), y estructurado políticamente en las últimas décadas del XIX, aflorando con mayor o menor fuerza desde entonces  -en función -las más de las veces- de las presiones del 'nacionalismo' centralista. La fotografía más abajo reproducida es de 1932.
A Artur Mas le viene de perillas las respuestas agresivas del desgobierno central y especialmente las palabras de José Ignacio Wert, para entrar al trapo de las mismas y hacer olvidar momentáneamente los bárbaros recortes en sanidad, educación y dependencia. Porque CiU ha ido en Cataluña por delante del desgobierno central en aplicar los funestos recortes a niveles prácticamente insuperables. Y es que no podemos olvidar que la federación CiU es  hermana de la ideología neoliberal del PP. De hecho, Rajoy parece haber copiado de Artur Mas la indecencia de sus recortes para aplicarlos al resto de los españoles.
CiU y PP están condenados a entenderse, pues su pensamiento respecto al capital como valor primero y último los une como siameses. Sus desavenencias ahora por los exabruptos de Mas acerca de la soberanía de Cataluña y las respuestas del desgobierno central son cortinas de humo, que en uno y otro caso pretenden hacer olvidar el Estado de Malestar en que la casi totalidad de los españoles nos hallamos. Las grandes fortunas están enriqueciéndose más con la crisis, solo tributan el 1%, mientras el resto de la ciudadanía camina en picado a la pobreza y a la hambruna.
Y el ministro Wert es experto, con sus exabruptos, en llenar el ambiente de una espesa niebla que impide ver cómo crecen las diferencias, abismales ya, entre ricos y pobres
Después de desmantelar la Educación pública, impedir en la práctica que los hijos de los no ricos -la inmensa mayoría- puedan acceder a los estudios universitarios- y 'ayudar' con dinero de todos a los centros que disgregan por sexo a los alumnos, lanza otra de sus 'perlas': Acusa de "acto  político de extrema izquierda" a las AAPP (CONCAPA - CEAPA), que llevarán a cabo una serie de actuaciones desde el 15 al 19 de octubre, cuya culminación es la convocatoria de huelga a la que también se suman ellos junto al Sindicato de Estudiantes para el día 18. Todos piden la dimisión del ministro por sus constantes disparates. Pero, en realidad, a quien se debería pedir la dimisión es a Rajoy, el supremo artífice y responsable  al acatar lo que sus ministros dicen y hacen.
Pero Wert ni dimitirá ni le obligarán a hacerlo mientras no se apruebe el bodrio de nueva Ley de Educación, LOMCE. Es un elemento indispensable para Rajoy es estos momentos, lanzando balones fuera.

La situación actual es realmente preocupante: Los servicios sociales tienen que ayudar en estos momentos a más de ocho millones de personas. Y un tercio de los españoles con la 'suerte' de tener un trabajo  cobran el equivalente al salario mínimo interprofesional, 641'40 euros mensuales. ¿Adónde nos conduce este Desgobierno de Rajoy?
Si se produce el tan cacareado rescate -que se va a producir-  estaremos ya totalmente atrapados por los países ricos de Europa, estaremos como Grecia o Portugal, y con la impotencia de decidir qué es mejor para el conjunto de los españoles. Nuestro estatus de esclavos está ya decidido. Pero no es menos indiscutible que a partir de este momento cualquier cosa puede suceder. 

Cierto es que la respuesta del pueblo español, hasta el momento, es demasiado tibia ante los insaciables recortes. Quizá influya la política del miedo, intensificada por el desgobierno y todo el aparato del PP. También debe de contribuir la ausencia de liderazgo en la oposición, lo que se traduce en un sentimiento de orfandad ante la solución de tan graves problemas. No es ajena tampoco la lentitud inadmisible de la Justicia a la hora de resolver cuestiones serias.
Al cabo de diez años del desastre del Prestige (los 'hilillos de plastilina' de Rajoy) se abre ahora el juicio pertinente.
Los casos de corrupción, tan extendidas en nuestra geografía, aunque con un fuerte epicentro en el País Valenciano, siguen en el aire, sin una contestación solvente por parte de la Justicia. Mientras, los mismos jueces son extremadamente rápidos en juzgar y condenar a Baltasar Garzón por estudiar valientemente las responsabilidades de la Gürtel e intentar solucionar los gravísimos problemas de la Memoria Histórica.

Todos estos hechos son causantes de la paralización de un pueblo amedrentado. Por ello consideramos la necesidad de denunciar las tropelías e infundir seguridad en la defensa de todos nuestros derechos. Derechos que nos hemos ganado y nadie nos ha regalado.




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