sábado, 13 de octubre de 2012

EL PROBLEMA DE CATALUNYA

El problema de Catalunya no es su afán de independentismo, sino que la  ciudadanía catalana ha caído en la trampa de CiU, a cuyo frente se halla Artur Mas, el señyoret. Ha demostrado el señor Mas unas dotes de interpretación dignas de un actor profesional, y una astucia tal como para tenerlo muy en cuenta.


No podemos olvidar que CiU es una federación de dos partidos de ideología neoliberal y democristiana. Es decir, van de la mano del PP. En Madrid, en el Congreso, Durán  manifestó pronto su ayuda al PP, abrió la botella de oxígeno más ultra cuando en enero Rajoy anunció 'el inicio del inicio' por boca de Soraya: los recortes de las cuentas públicas habían comenzado.
En Catalunya, desde que Artur Mas es Presidente de la Generalitat, el PP catalán ha ocupado el mayor número de puestos públicos y se ha visto potenciado por CiU, como jamás se había podido imaginar al ayudar a formar Gobierno a CiU, al que le faltaron seis diputados para la mayoría absoluta. La botoxiana Alicia Sánchez Camacho ha visto su protuberante hocico pasearse como jamás por su cabeza pudo acontecer. Hasta el nombre del partido ha sido modificado: de "PP de Catalunya" ha pasado a denominarse "PP Català".
 Artur Mas ha llevado al pueblo de Catalunya a situaciones de auténtico desespero con una flema de hielo gracias al apoyo fervoroso de Alicia: recortes sociales, fuerte disminución en la contratación de interinos, brutales recortes en salarios, desaparición de empresas y organismos públicos. El tema de la Sanidad es para vivirlo en primera persona, porque cuando los afectados te lo cuentan parece dantesco. Junto a ello, el PP ha impuesto sus peculiares 'caprichos' que ya conocemos: no a las operaciones de cambio de sexo o a las inseminaciones artificiales, recorte máximo a las ayudas a víctimas del terrorismo. Y en cuanto al 'olvido' de la memoria histórica había ya plena coincidencia entre la ideología de CiU y la del PP.

Es decir, que un Artur Mas vilipendiado por la sociedad catalana, con fuertes protestas en la calle por las medidas tomadas contra el pueblo desde que alcanzó la Generalitat, de repente se convierte en un héroe al proclamar sus medidas independentistas y el adelanto de las elecciones en Catalunya para el 25 de noviembre, y ello bajo la envoltura de la bandera independentista.

Siento un profundo cariño y respeto por Catalunya y por los catalanes. Quizá por ello me duela más el engaño que éstos están sufriendo, motivados por sus legítimos deseos de pueblo soberano, que en el presente caso no son más que una inmensa e intensa cortina de humo de un Gobierno neoliberal para ocultar las tropelias que contra los ciudadanos ha realizado, y que sigue pisoteando los más profundos derechos de sus ciudadanos. Gobierno que CiU  pretende ganar nuevamente, y ahora por mayoría absoluta, con la milonga de la bandera independentista catalana y seguir sojuzgando al pueblo.

Las relaciones con el PP se han enfriado y mucho, hasta puntos esperpénticos. El ministro de Exteriores, García Margallo,  habla de que el grito de independentismo catalán deteriora la "marca España", Rajoy dice que la incrementada ofensiva de los mercados se debe a la publicidad y seriedad con que se anuncia el soberanismo catalán. El mediocre Rajoy, el de los 'hilillos de plastilina', es incapaz de aceptar sus equivocaciones, necesita siempre echar las culpas a los demás, en este caso al pueblo catalán. Y la última guinda para alimentar el ambiente caldeado ha sido la del ministro de Deseducación, Wert, escenificando sus ansias de "españolizar a los alumnos catalanes". Y es que la catalanofobia del PP es conocida por todos.

En el Pais Valencià, la catalanofobia, cultivada y difundida por el PP, ha hecho estragos. Aprovechando la ignorancia de la gente, el PP ha fingido protegerla y defenderla de las rapiñas de los catalanes: nos han robado la cultura, la fruta, las hortalizas, los escritores. Nos quieren imponer su forma de hablar, que nadie entiende. El valenciano nada tiene que ver con el catalán, el idioma es el valenciano, no lo que hablan en Catalunya. Nos quieren imponer su televisión, quieren apropiarse de nuestro territorio, etc., etc., Las barbaridades más grandes contra el Pueblo Catalán, infundiendo un odio sin sentido, y muy difícil de combatir, han sido divulgados fehacientemente por un PP cerril y monocorde.
Artur Mas debería, como mínimo, haber defendido al pueblo catalán; y, en lugar de ello, lo traiciona aliándose por conveniencia propia con el PP.
La trampa urdida por Artur Mas no debe encandilar ya más la inocente credibilidad de los ciudadanos catalanes, no se lo merecen. Es un pueblo trabajador y noble, y si desea llevar a cabo sus sentimientos soberanistas, alimentados durante tantos años, debe hacerlo por sí mismo, no por las argucias de unos truhanes con ansias desmedidas de poder. Y antes que nada, debe recuperar la dignidad, los derechos sociales y los económicos que Artur Mas le ha sustraído. Después, lo demás.




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