lunes, 8 de febrero de 2010

LOS DIVINOS

Son éstos una casta muy extendida de "jóvenes" -aunque ninguno cumpla ya los treinta- que son aspirantes a. Los podemos encontrar en todos los estamentos de la sociedad, pero, y fundamentalmente, se hallan en aquellos lugares donde la valía propia, el esfuerzo auténtico y los méritos alcanzados por sí mismos de nada valen, pues en estos sitios poco espacio tienen, ya que sólo los verdaderamente cualificados son los que destacan.
Es, por tanto, la política donde mejor se ubican. Aquí han puesto en marcha una nueva "filosofía", la de la renovación. Y está muy bien. Pero entienden por renovación única y exclusivamente la juventud, sin pensar que ésta, per se, vale relativamente muy poco, pues el tiempo acaba con ella. De esta forma, "jubilan" a aquellos que consideran ya "carrozas", prescinden de su experiencia y de la sabiduría que ésta suele conllevar, temen a los que tienen personalidad, voz y criterios propios. Son "chaqueteros" hasta lo impensable con los que consideran que están por arriba de ellos, aunque también sean aspirantes a,  desprecian a los que, según piensan, nada les puedan proporcionar.
Se rodean de incapaces, gente sumisa que mueve la cabeza sólo en una dirección: de arriba-abajo;  lacayos que se sienten satisfechos con la sonrisa aprobatoria de su divino, hacen el trabajo de éste,  el cual, sin haber llegado todavía a ser aquello a lo que espira, maneja el don de mando inmejorablemente.
Estos divinos/as, como son superficiales, gustan de la apariencia; gastan en ropa quizá lo que no en comida, porque lo importante es aparentar, no ser. Su vacuidad se huele a distancia y su frivolidad produce escalofríos.
Desde esta perpectiva, habría que ubicar a esta casta divina en el PP, porque sus características encajan a la perfección en este partido neocón, plagado de pijos/as.
Lo peor es cuando los vemos proliferar en partidos de la izquierda. En situaciones así todo se nos desmorona, y a la mayoría de la gente, muchos de ellos votantes de la izquierda, les produce -y así lo exteriorizan- ganas de vomitar aquello de "todos son iguales".
Sabemos que no todos los políticos son iguales, y que hay una enorme distancia y diferencia entre esta derechona y la izquierda. Pero la disparidad, que es ideológica, se la zampan estos divinos/as. Son ellos los que sobran para ganar la confianza del pueblo; y esa confianza sólo se puede obtener con el ejemplo del trabajo, la honradez, la seriedad y coherencia entre lo que se predica y lo que se obra, es decir, con la ideología como bandera.
Mientras los cuchillos se mantengan afilados contra los propios, con el único fin de colocarse, la derecha llevará ventaja, pues los métodos mencionados le son propios. Los niñatos/as  deberían dejar de lado esas ambiciones desmedidas, que, aunque legítimas, no son las más propias de aquellos partidos que dicen trabajar por el bienestar social de la mayoría de la población, pues ellos hacen trabajar a sus esclavos sólo en beneficio propio; no tienen un proyecto global, sino absolutamente personal.
Si la izquierda de este país quiere recuperar la confianza y aprobación del pueblo, que es el que tiene que auparla con sus votos, tiene que cambiar de procedimientos y, quizá, de algunas personas, que no son más que advenedizos y que igual podrían estar militando en el PP que el partido X.

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