martes, 23 de agosto de 2011

"RADICALIDAD EVANGÉLICA"

Benedicto XVI vino, estuvo y se marchó. Su 'mensaje' fue y es el de exigir una "radicalidad evangélica". ¿Qué vino a decir con estas palabras? De manera concisa es un ataque a la ciencia, un querer imponer límites al pensamiento y conocimientos humanos. "Los abusos de la ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo del poder". 

¿Qué sentido tiene la imposición de límites al saber humano? ¿Por qué establece Ratzinger la absurda relación entre lo que llama "abusos de la ciencia sin límites" y  "el totalitarismo político"? ¿Cuál es el referente de este "totalitarismo político"?    

Evidentemente hay una malvada referencia al Gobierno socialista, un mensaje 'subliminal' a lo negativo de las leyes 'antinaturales' sacadas a la luz por este Gobierno: la Ley del aborto, la Ley de los matrimonios entre personas del mismo sexo, la Ley que ampara la ruptura del sufrimiento ante una enfermedad incurable y permite morir dignamente, la Ley que permite liberar cuanto antes el contrato matrimonial cuando éste se convierte en un calvario para ambos cónyuges o para uno de ellos, con una defensa a ultranza del 'matrimonio indisoluble entre hombre y mujer'.

Lo que en realidad es antinatural es la pretendida imposición de un 'amarse hasta que la muerte os separe'. Es el amor un sentimiento, y como tal a nadie se le puede imponer. Se ama o no se ama. No se puede imponer que amemos u odiemos. Simplemente lo sentimos.

También es antinatural el sufrimiento absurdo y gratuito. Predican que suframos mientros ellos gozan de todos los disfrutes terrenos. El sufrir no es el destino natural del hombre. está abocado a la muerte. Forma ella parte de la vida, es su término. Pero el sufrimiento per se es un absurdo más de entre los inventos de esta religión que pretende atemorizarnos con un dolor eterno -el infierno- instalándolo en nuestro vivir cotidiano bajo otro absurdo invento, el pecado.

Por ello censuró Ratzinger a aquellos que "desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias". 

De igual modo Ratzinger criticó el relativismo como el mayor mal de nuestros días. "El relativismo que se ha difundido y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto; no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con los midas del momento".

El dogmatismo católico intenta aniquilar la esencia profunda del hombre. El yo esencial y permanente es una falacia. Solo gracias a la facultad de la memoria podemos percibir como una continuidad lo que no son más que secuencias de nuestra 'yoidad'. Nada es absoluto ni permanente. Por el contrario, todo es relativo. La ciencia y la razón lo demuestran, bien que el ser humano tiene las facultades de percibirse a sí mismo, a los demás e incluso al resto de las cosas como una permanencia continua. Es como el color blanco. Nosostros lo 'vemos' como tal, mientras que no es más que la superposición de todos los colores.

Pero la iglesia católica no pretende 'la' verdad, sino 'su' verdad. Obran lo contrario de lo que predican. Con solo echar una mirada a la historia de la literatura podemos obtener una buena visión crítica de los eclesiásticos; sus autores, anónimos, bien por costumbre de su época, bien por el miedo a la censura poderosa. Los Carmina Burana son una exquisita muestra sarcástica de las costumbres crericales. El Lazarillo, con sus episodios centrados en el fraile y el buldero, es una denuncia pícara de la avaricia, la gula y el engaño; por ello fue prohibida por la santísima Inquisición. El famoso Índice de la larga dictadura del genocida Franco, mancomunado con la iglesia, es otra muestra del temor a la ciencia, al pensamiento y a la cultura.

La visita del Papa Ratzinger no ha sido más que la manifestación de 'evangelizar al pueblo español' para anular su voluntad y la libertad conseguida con demasiada sangre derramada en busca de una democracia en la que cada ser humano cuente como tal y pueda pensar libremente y expresarse de idéntica forma. Ratzinger ha venido con el propósito de amedrentarnos con la irracionalidad y contradicciones de sus dogmas.

La venida del Papa es un empujón más a Rajoy -y toda la derechona-  en su camino a la Moncloa. No le importa a Ratzinger ni a Rouco, ni a Cañizares ni a Martínez Camino qué va a suceder después del 20-N. Cuáles serán los recortes en libertades y en derechos sociales. El único interés es posicionarse nuevamente junto al poder en igualdad de condiciones. Imponer nuevamente la teocracia. La capacidad del ser humano, de los españoles, debe ser analizar con la mayor objetividad posible cuál debe ser su posición ante estos intentos de barbarie.

3 comentarios:

  1. Agradezco los comentarios enviados a este artículo. No puedo publicarlos porque son anónimos.

    Gracias.

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  2. En mi particular retiro y con dificultades para conectarme, puedo hoy leer tu articulo y al mismo tiempo decirte, lo acertada que has estado. Concreta y concisa. Impactado por otra parte con la noticia de la basura que ha dejado esta juventud papista. Vergonzoso

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  3. Hola, Josemi. Ya te echaba en falta... y resulta que estás 'retirado' y sin cobertura. Eso está bien, y de cuando en vez hay que apartarse de tanto ruido.

    Gracias por tu amabilidad. Ya ves, lo llamados peregrinos apenas han dejado 'ganancias'. Solo basura que nos costará un pastón.

    Y Ratzinger como siempre. Sus especiales 'orgías' con Rouco y demás paniaguados. El colofón lo puso el gran Kiko. La fiesta fue impresionante y se lo pasaron de bien...

    Un abrazo, bonico.

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