sábado, 4 de septiembre de 2010

SI YO FUERA RAJOY...

...Y estuviera absolutamente libre del pringue del los "hilillos" de la corruptela (extendida hoy al Cádiz de Teófila), hubiera hecho limpieza a fondo para echar de mi partido a tantos y tantos sinvergüenzas que, aprovechándose de sus cargos públicos, se siguen enriqueciendo brutalmente a costa de los bolsillos de los honrados ciudadanos.

No es preciso estar de cuerpo presente en Rodiezmo para demostrar la buena intención a la hora de gobernar y ser honrado hasta la médula. Para hacer visible la propia honestidad política lo que hace falta es, además de serlo, tener la valentía y la firmeza adecuadas para no permitir que los güterlianamente imputados se chuleen de su propia depravación y vayan autoproclamándose candidatos a la presidencia de la Generalitat, y mucho menos darles la bendición desde Toledo o desde el lujoso castillo de Soutomaior. Tampoco, para salvar al Capo hay que reinsertar libremente a Riki, porque tanto monta, monta tanto.

Si uno tiene la sana idea de ayudar a España y no únicamente alcanzar La Moncloa, habla y obra en consecuencia: hace frente claramente a la corrupción que impregna al PP, su propio partido, en lugar de consentir y apoyar tanta extendida putrefacción a lo largo y ancho de la piel de toro nacional.

Pero no. Rajoy no es de ésos. El gallego aparenta valentía en su constante descalificación al Gobierno socialista, protagonizando un extenso insultario contra el presidente Zapatero, por el que siente una especial inquina. Pero es un grandísimo cobarde cuando se trata de poner orden entre los suyos, y un eterno dependiente de las veleidades de aquél que, en su día, lo mentó, y que no desaprovecha ocasión para ridiculizarlo, desde Texas hasta Melilla, pasando por las Azores.

¿Y este pelele dice tener la solución para la crisis internacional  que está afectando a nuestro país? Si tantos de los suyos no hubieran evadido nuestros dineros a los paraísos fiscales en beneficio propio, otro gallo nos cantara en ésta nuestra patria. Nombre éste del que se les llena la boca, tras haber engullido las galletas y magdalenas pertinentes.

Pues nada, Sr. Rajoy, el domingo a Rodiezmo....

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