miércoles, 20 de octubre de 2010

ALARTE VERSUS DEMOCRACIA INTERNA

Jorge Alarte, actual Secretario General del PSPV-PSOE, parece no admitir algo tan sagrado y democrático como son unas primarias. Desde que consiguió -aunque por pocos votos- ganar las últimas elecciones de País, para liderar la Secretaría General del PSPV, frente a su adversario, Ximo Puig, ha ido dando tumbos de un lado a otro, sin exteriorizar la sensación de tener unos propósitos claros en cuanto a lo prometido en el congreso de finales de septiembre de 2008: ganar al PP la Presidencia de la Generalitat. Más bien la impresión de la militancia es que Alarte ha ido posicionándose orgánicamente para controlar férreamente el partido. Buen ejemplo de ello es la desestructuración de la ciudad de Valencia en 17 agrupaciones, bajo la secretaría general de su mano derecha, Salva Broseta. Esto le ha valido no pocas discrepancias, que, aunque no se hayan puesto de manifiesto públicamente, están en las mentes de muchos militantes.
Mientras tanto la trama Gürtel estalló con un fortísimo epicentro en la Comunidad valenciana. Parecía que con este gravísimo escándalo de corrupción el PP estaba contra las cuerdas. La gente de la calle desconocía al púgil que debía medirse y vencer al mediocre Camps. El nombre de Jorge Alarte provocaba la inmediata pregunta  "¿y ése, quién es?". Alarte era el gran desconocido.
De pronto saltó la noticia de que Antonio Asunción iba a  presentarse a primarias. Esta noticia cayó como una bomba en Blanquerías, donde se vivía en una nube tranquila y feliz.  El contrapunto fue la reacción de buena parte de la militancia, que veía en el ex ministro una bocanada de aire fresco, un saber hacer y unas ganas de ganar la Generalitat que contagió e ilusionó a muchos. Y es que Antonio Asunción es un político de primera, con un bagaje admirable y necesario aquí para plantar cara a tanta indecencia cotidiana de un PP indecente y que se regodea de sus mentiras y corruptelas.

Alarte, -un politiquillo de tercera regional-, ante el miedo, se unió a su anteriormente contrincante, Ximo Puig. Dos contra uno. El pacto debió de ser de órdago, es normal. Jorge Alarte ha perdido ya su pretendida independencia, está bajo el yugo de Puig -y nada tengo contra éste, en absoluto-, y la más inmediata prueba es el candidato a pleitear con la delicada Rita Barberá por la alcaldía de Valencia.
Al igual que en Madrid, parecía que también en Valencia los militantes, las bases, iban a tener la posibilidad de emitir su libre voluntad en la elección del que considerasen el mejor candidato: esa es la esencia de la democracia interna y que da vida a un partido progresista y cuya bandera es la democracia y la libertad. Elementos desconocidos en el PP, donde las sucesiones son siempre a dedo, nunca por voluntad de sus bases, que actúan borreguilmente y a toque de silbido.
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A continuación, -ya se sabe-, vino el proceso de recogida de avales. Avales necesarios en el caso de Antonio Asunción e innecesarios para Alarte, ya confirmado candidato por su Comisión Ejecutiva y por el Comité nacional. Después sucedió lo que muchos nunca sabremos a ciencia cierta, aunque el resultado parecía estar programado malvadamente, y es que la Comisión de Garantías resolvió no dar por válidos muchos de los avales de Asunción y éste quedó apeado de su posible candidatura y poder optar a ser candidato a la Generalitat. El proceso ha olido, desde un principio, a   ordinario y ausente de 'clase' por parte de Blanquerías: los avalistas de Asunción comenzaron a verse ninguneados (a veces, humillados) y no dignos de recibir el  plácet por parte de los 'ganadores'. 
Las malas caras y peores formas respecto a los llamados "asuncionistas" se han ido plasmando en algo aún más grave: en la destitución de puestos de trabajo, en llamadas al orden y en la exigencia de  presentarse en la cuarta planta de Blanquerías para serle leída la cartilla, etc., etc. Unas siglas, PSPV-PSOE, vacías de su contenido propio y democrático.
El lunes, 18 de octubre, -ayer- fue cesado un histórico del partido, Vicent Vercher, diputado provincial,  veinte años alcalde de su pueblo, Alcudia de Crespins, y conocedor como pocos de la labor municipalista. Su destitución ha sido, para mayor vergüenza, inadecuado en las formas. Desde Blanquerías han mandado la orden de su cese a la Federación de Municipios y Provincias con el desconocimiento de su portavoz, el alcalde de Cocentaina, que es quien tiene la potestad. Pero, bueno, ya se irán solucionando estos asuntos de la manera debidamente encauzada. Lo peor es la mezquindad en esta caza de brujas, la vendetta, por haber ejercido la libertad que los estatutos del partido socialista establecen. Vercher dio su confianza, como otros muchos la dimos, a Antonio Asunción, porque sabemos de él y de su gran honradez y responsabilidad política y personal. De igual manera, se comprende el nerviosismo de Alarte, porque entre él y Asunción no hay color. Sin embargo, la reacción por parte de Jorge Alarte es vergonzosa, mediocre, y no propia de un político verdaderamente socialista y que lleva interiorizada la democracia interna del partido.
También se baraja la posible destitución de los consejeros de administración del ente RTVV. Quizá haya que despedirlos. No lo sé; desconozco cómo realizan su trabajo. Pero si estas personas vienen ejerciendo estas funciones desde legislaturas anteriores, y si se consideraba que su labor no era la más adecuada, su cambio debería haberse realizado antes. Ahora, al ser, además, críticos con Alarte, su posible despido tiene un tufillo igualmente estalinista.
No es buena la imagen que Alarte y los suyos están dando. En lugar de emplear toda su energía en desmadejar cada uno de los enredos que anidan en el PP -el útimo y muy serio es el de Rafael Blasco-, parece que se están empleando a fondo con los propios, gente muy válida y cuya aportación y experiencia profesional y personal podría haber seguido aportando un exquisito y valioso haber en este PSPV demasiado a la deriva.
El próximo 22 de mayo serán los comicios autonómicos y locales. Los resultados de los mismos están cada día más cercanos. Y aseguro, de corazón, que quisiera equivocarme, pero si algo más grave aún -y mira que es difícil- no sucede en el PP, las encuestas lo dan por ganador por mayoría absoluta.
En esta legislatura, treinta y ocho son -si no me equivoco- los diputados socialistas en las Cortes valencianas. Jorge Alarte, en el acto de proclamación de Secretario General, prometió ante todos los asistentes que, de obtener un parlamentario menos que los actuales, dimitiría del cargo que, en aquel momento, acababa de estrenar. Con toda sinceridad no quiero que tal debacle suceda, pero lo cierto es que la sociedad no responde ante las tropelías de un PP corrupto hasta las cejas, y, mientras,  Alarte se despoja de los suyos como estorbos harapientos que le estropean su "linda" imagen. Si sumamos todo, el resultado es más bien una resta.
No todos tenemos el temperamento de arrastrarnos ante el que detenta el poder. Yo no lo tengo. Cuando entrego mi alma, mi ilusión y mi trabajo, es porque creo en un proyecto y en la persona o personas que lo lideran. Y ese proyecto debe tener los componentes básicos del partido fundado por Pablo Iglesias. Los elogios vacíos, las alabanzas vacuas me producen, además de hastío, profundas náuseas. Y no estamos por esa labor. Además hay algo más importante que estas alianzas efímeras en política, y es la coherencia y dignidad propias, así como la fidelidad ante los buenos amigos. Esto es lo que nos hace realmente personas.

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