lunes, 4 de octubre de 2010

DANIEL

Jamás se podrá rendir el merecido homenaje a Daniel, mi Dani.

Este joven ha demostrado a lo largo de su vida una voluntad increíble por superar cada uno de los graves problemas que la vida le ha deparado. Con tenacidad e inmensa paciencia ha logrado ir saliendo adelante en todos los aspectos. Cualquiera, en su situación, hubiera abandonado su lucha y se hubiera dejado sucumbir ante las adversidades que le iban surgiendo.
Pero Daniel no. Daniel es un luchador nato y un vencedor como nadie. ¡Enhorabuena, hijo mío!

Dani, un niño pleno de alegría, con sonrisa perenne, vivió muy tempranamente -a los tres años y medio- la cercanía de la muerte, disfrazada de tumor cerebral. Fue intervenido diez veces; en diez ocasiones fue abierta su cabecita. Y, tras una recuperación que parecía interminable, Dani -sin perder nunca la sonrisa- comenzó de nuevo a vivir. Pero la parca no quería abandonar su presa. Y, al cabo de siete años, volvió a hacerse presente en una recidiva que ya no tenía solución quirúrgica. Todas las puertas, incluso las que fueron aporreadas en Estados Unidos, se cerraron. Ninguna solución había.
Tanto dolor dañó a cada miembro de su familia de forma distinta. No se puede decir quién sufrió más, pues ni el dolor ni la dicha son mensurables. Su padre, en su sufrimiento, fue encerrándose cada vez más en sí mismo. La madre no aceptaba que su hijo pudiera írsele para siempre, y seguía buscando lo que parecía una solución imposible; la reacción fue una actividad imparable intentando conseguir algún bálsamo de Fierabrás que curase a su niño. Los hermanos vivían sólo para el pequeño de ellos, Dani. Su vida giraba alrededor de su escasa salud, que se le escaba a marchas forzadas. Y, claro está, también evolucionaron marcados por este inmenso dolor, sufrido en sus años tempranos. A su abuela materna le costó la vida. Y todos, el resto de familiares, llevan impresa en sus almas la amarga huella de aquel dolor absurdo y sin sentido.

Transcurría el més de septiembre, el neurocirujano de EEUU comunicó a los padres que Dani no conocería las próximas navidades. El padre vio mermado su equilibrio psíquico. La madre, inesperadamente, supo de boca de una maestra de Dani la existencia de la Homeopatía así como la dirección de una médico de Valencia. Allí acudieron en busca de un milagro. Dani comenzó a tomar la solución que su madre le preparaba a instancias de la doctora. Las visitas se sucedieron periódicamente, así como los cambios y ajustes de la medicación. A Dani comenzó a cambiarle el color pálido-cera de su carita, y lentamente sus mejillas volvieron a sonrosarse y sus enormes ojos recobraron el brillo de la alegría de vivir. Mientras, las resonancias magnéticas se realizaban también periódicamente, y aquel maldito tumor inició su disminución a la vez que iba surgiendo a su alrededor una especie de pequeña cáscara de almendra que le impedía evolucionar. Los neurocirujanos no se lo explicaban. El tratamiento homeopático se prolongó durante seis años, sin que nada alterase las tomas diarias y su horario estricto.
El tumor quedó allí constreñido, y Daniel fue reanudando sus estudios con alguna que otra dificultad. Nunca sabremos si fue la homeopatía o la gracia divina lo que salvó a Dani. Pero...

Su tesón, el de Daniel, fue venciéndolo todo. Acabó los estudios de Secundaria. Comenzó a estudiar, en la Universidad, Filología clásica; en quinto de carrera se le atragantó un profesor, y optó por dejar las dos asignaturas que dependían del mismo docente. Después comenzó la especialidad de Historia y ahora es ya Licenciado.

Es mi Dani el mejor de los ejemplos a seguir cuando alguna dificultad se pone por delante.

¡Gracias, hijo mío! Lo que tú has conseguido con esa indomable fuerza de voluntad es incomparable con la mayor de las fortunas imaginables.
¡Gracias, Dani! Eres único. Adelante siempre con esa tenacidad y valores de los que eres ejemplo para todos.
¡Te queremos no puedes imaginar cuánto! Y estamos infinitamente orgullosos de ti. ¡Gracias, Dani, por tu existencia!

2 comentarios:

  1. Es la muestra de una madre que ha demostrado que existen situaciones en la vida que deben dárseles respuestas. Hacerle frete a la parca sin temor, por decir. Así como una entereza de compromiso con la vida casi perdida de un hijo por los pasillos de un hospital. Tu hijo ha tenido suerte con tener una madre como tú. Y tú con él. Es una verdadera historia de amor. A tu perseverancia, a tu valor y a tu responsabilidad de madre valiente.

    Beso

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  2. Rafael Fernando Navarro8 de octubre de 2010, 15:31

    Querida María Dolores: quiero estar al lado de ti dolor y tu alegría. Quiero daros las gracias por esa resurrección que habeis conseguido tú y tu familia. Daniel, DANI, es ya un poco de todos porque los habeis convertido en regalo.
    No he sabido poner estas letras en tu blog como comentario. Espero lo recibas igual y sientas mi cercanía y mi cariño. Un saludo. Rafael Fernando Navarro

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