jueves, 19 de mayo de 2011

MIENTRAS LOS FACHAS VAYAN A VOTAR, NOSOTROS NO PODEMOS DEJAR DE HACERLO

La tercera acepción del Diccionario de la Real Academia de la Lengua define la palabra 'facha' como 1) "fascista" y 2) "de ideología política reaccionaria". Creo que no es necesario ningún comentario más acerca de este término. Si por los fachas fuera, no habría elecciones porque no creen en la democracia; lo suyo es el pensamiento único, y pobre de aquel que no lo asuma y mantenga la boca cerrada.
Libertad es otra palabra prohibida; la unica libertad concebible es la suya, no la de los demás. Si pueden, evitan la libertad de pensamiento a fuerza de adocenar a la gente con sermones reiterados. Conseguido esto, ya no hace falta preocuparse por la libertad de expresión, pues la expresión proviene de lo que pensamos. Ahora bien, por si acaso alguien ha conseguido librarse del aborregamiento, se considera imprescindible cercenar la libertad de expresión.

En España, tras la muerte del asesino Franco, después de cuarenta años de 'paz', y con una Transición considerada modélica fuera de nuestro país, aunque aquí la izquierda, tan miserablemente masacrada, mostró una generosidad jamás reconocida, se consiguió implantar la Democracia y elaborar una Constitución, en 1978, aprobada por una gran mayoría de españoles.
Con ello, se procedió a la formación de los distintos Partidos Políticos y por decisión de los españoles en las urnas, en votación libre y secreta, se funciona  con democracia representativa desde entonces.

Los fachas también montaron sus partidos y concurrieron a las elecciones, sin obtener representación institucional.  Hoy en día, después de treinta y cinco años de alternancia política, los fachas se encuentran mayoritariamente integrados en el gran partido de la derecha española, el PP. Desde aquí campan a sus anchas, y, ligeramente disfrazados, tiran de los hilos de las decisiones de este partido.

Este periodo preelectoral, personalmente, se me está haciendo muy pesado. Nadie consigue arrancarme la ilusión de 'su' verdad. Pero el PP, con sus corrupción a cuestas en una larguísima pasión de incongruencias y mentiras, me resulta vomitivo a más no poder.
Mucha gente confiesa su hastío e intenta manifestarlo en la abstención de su voto. Sin embargo los fachas sí usarán este derecho en las urnas -aunque en otras épocas las detestaran- y así consolidar su posición.
Las gentes de izquierdas hemos sido desde siempre mucho más exigentes con nosotros mismos. Estamos ahora enfadados, y con razón. Pero también es cierto que posiblemente nos quedemos sólo con la parte superficial del problema. Nuestra reacción visceral puede ser no ir a votar. Mas ellos, los fachas, sí van a ir. La que nos espera con el asentamiento generalizado del PP en los ayuntamientos y en las presidencias de las Comunidades autónomas es demasiado serio como para hacer dejación de este derecho que tanto a tantos costó de conseguir, demasiada sangre derramada en el camino, demasiada humillación del fascio a los que ansiaban poder expresar libremente su opinión.


Por ello, por nuestra decencia, por el asentamiento definitivo de nuestros derechos ciudadanos, por no querer que nos utilice una jerarquía eclesiástica impresentable ni una derechona añorante del fascio pasado, por el respeto que debemos a nuestros padres y a los padres de ellos, y por respeto a nosotros mismos, debemos votar el próximo domingo, 22 de mayo.

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