sábado, 4 de junio de 2011

¡A LA HOGUERA!

La única solución que tiene este Diccionario de la Humillación y la Insidia es ser quemado en la plaza pública. No hay reforma posible en sus escritos. Si se quiere un Diccionario Biográfico debe ser escrito de nuevo y por historiadores no contaminados. Historiadores serios e imparciales. Lo de ahora es una broma inaguantable.

Cierto es que nos ha costado un pastón. Seguro que no recuperamos nuestro dinero. La costumbre de los gobiernos de seguir costeando las obras encargadas por el gobierno anterior.

Lo hizo Aznar. Aznar lo planificó todo. Quizá nadie pensó en que la maldad fuera de tal calibre. Pero la realidad se ha impuesto, y ante el hecho hay que dar una respuesta contundente y que salve la dignidad de los españoles. Nuestros muertos, por la gracia divina del sanguinario y sus acólitos del tiro en la nuca, no deben ni pueden ser olvidados. La dignidad nos lo impide, y la verdad exige ver la luz para siempre. Las tinieblas han invadido nuestras vidas a lo largo de cuarenta años. Ahora ya no.

Que sepan que no pueden seguir con su mentira de tantos años, bendecida por los jerarcas católicos. Para ello, el alba no debe ser el momento de la angustia, ya no. Ahora el amanecer es la blancura de la verdad, aunque algunos no quieran. Los más sí queremos. Y lo exigimos.

Cualquiera de las plazas que cobijan a nuestros indignados debería ser el lugar donde la condena contra el horror se consumara. Bien podría ser en Sol. La pira debería ser en Sol, lugar de Libertad y Democracia. Allí habrían de perecer para siempre los tomos publicados de esta gran infamia. Sería un símbolo del nacimiento absoluto de la Verdad. El resto de los libros, todavía no publicados, jamás deberían ser alumbrados. Sólo la sombra y su muerte propiciarán la luz de la verdad.

Es preferible quemar seis millones de euros que hundir miserablemente nuestra honra y la dignidad de los nuestros.

Si se sigue deseando un diccionario biográfico, este debe ser apetitoso e ilusionante, y, por supuesto, de una veracidad histórica impoluta. No más trampas ni engaños. ¿Cómo se puede permitir que con las arcas estatales se pague el maquillaje de los asesinos y caciques tramposos?

No, este 'diccionario' no puede ser corregido.  Imposible redimir tanta patraña, urdida con alevosía y quizá nocturnidad. Hay que eliminarlo por los siglos de los siglos, amén. ¡A la hoguera! El fuego purificador es lo que puede devolvernos la memoria que pretenden aniquilar los añorantes de la dictadura. ¡A la hoguera, pues!

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