jueves, 15 de diciembre de 2011

¡TOTAL, POR UNOS TRAJES!

Se está celebrando en Valencia el juicio contra Francisco Camps por cohecho impropio al haber recibido presuntamente trajes y demás prendas de vestir de la trama Gürtel, dirigida por Correa junto a Pablo Crespo y Álvaro Pérez "El Bigotes", mayordomo este de la versión de  tamaño enredo en la Comunidad Valenciana y conocido como "Orange Market".
Vergara: Camps en playa nudista
El juicio está ampliado también al extesorero del PPCV, Ricardo Costa por recepción igualmente de trajes presuntamente pagados por la empresa Forever Young, una de las que conforma la red montada por Francisco Correa. Víctor Campos, expresidente de la Generalitat y Rafael Betoret, ex jefe de Gabinete de la Consellería de Turismo de la Generalitat Valenciana, se declararon ya culpables e incluso Betoret devolvió los trajes ante el juez.

Durante estos últimos días en la sala del TSJCV se está viviendo un sainete, una astracanada tal que sólo desde la mirada a través de 'los espejos cóncavos del callejón del Gato' es posible contemplar esta realidad humillante y vergonzosa que ampara algo mucho más serio que el regalo de prendas de vestir por parte de unos cuatreros al expresidente de la Generalitat y a otros ex altos cargos del mismo partido político, el PP.

En este juicio cierto es que solo se va a juzgar el tema de los trajes. Pero todos sabemos que este asunto es únicamente un minúsculo saliente de una enorme mole que conlleva algo más y que es sustancialmente incompatible con la gobernanza limpia, transparente y honrada de un país. Estamos hablando de corrupción, la perversión íntima y aceptada en el modo de gestionar los dineros de todos que conforman las arcas públicas.
Vergara retrata cómo defender a Camps
Lo malo no es el hecho de que unos políticos sean corruptos per se o se hayan viciado por influencias de unos determinados sujetos. Lo peor es que la sociedad no castigue estas prácticas perversas. Las urnas demuestran el nulo interés que por estos temas muestra la ciudadanía en general.

Cuando se adjudican a dedo determinadas obras a una empresa, sin el  obligado cumplimiento de abrir públicamente la posibilidad a cualesquiera otras a optar por la ejecución del mismo trabajo, se está restando la ocasión de que otros posibles adjudicatarios tengan opción a trabajar en las mismas y obtener sus propios beneficios y el de sus trabajadores. Se está actuando en pro de muy pocos en detrimento del resto. Si a este hecho le sumamos el valor añadido de que una empresa, por amistad con este u otro cargo político, realiza el trabajo con unos sobrecostos escandalosos mermando el capital que podría ser destinado a otras muchas tares más necesarias para gran parte de los ciudadanos, la  inaceptable inmoralidad de la acción es mucho mayor.
Arreglos calle
Estos hechos, la malversación de los caudales públicos, los vemos a diario. Obras inútiles realizados por nuestros Ayuntamientos, mientras se 'olvidan'  de graves problemas que afectan a la población, son una clara manifestación de corrupción. Los levantamientos absurdos de aceras, repintados del suelo, ajardinamientos continuos e innecesarios son evidentes muestras de corrupción. Por detrás se encuentra siempre el beneficio de este u otro político.

Y ante este gravísimo problema no parecen estar sensibilizados los ciudadanos. La costumbre se ha convertido en norma acatada por el pueblo callado y sin rechistar. Y es esto lo verdaderamente preocupante.
Los Calvitos: Corrupción y Camps

En la Sala del TSJCV las caras de los presentes ante la evidente distancia entre lo declarado por los imputados -Camps y Costa- y la reproducción de sus grabaciones son dignas de análisis psicológicos o psiquiátricos; y de forma especial las de los dos políticos. Y que Camps diga "cada uno tiene el sueldo que tiene e intenta ajustarse como puede" -en relación a sus 'compras' en Milano al ser esta tienda más económica que donde antes adquiría su ropa- es para levantar los ánimos henchidos de indignación, pero ya se ve que no pasa nada. Y más adelante, al afirmar que actualmente tiene "menos patrimonio que cuando llegó a la Generalitat", en unos momentos de gravísima crisis que impide a tanta gente llegar a fin de mes, con cinco millones de parados, con las 'ofertas' de trabajo con mínimos sueldecitos -unos 400 euretes- sin  siquiera cobertura de Seguridad Social, el retroceso de la dignidad humana a la esclavitud,  es de una indecencia inaguantable. Es la mayor de las burlas al pueblo valenciano y, por extensión al resto de la ciudadanía española. Y no lo es menos cuando el expresidente ironiza con que 'su' pueblo lo quiere ver 'bien vestido'. Y todo ello sin tener en cuenta que la difusión de la Gürtel no se circunscribe tan solo a la Comunidad Valenciana.

Pero la Comunidad Valenciana de norte a sur, de este a oeste, está metastasiada por una corrupción vergonzante, que nos ha arrebatado lo nuestro, ha malgastado en estupideces y demás amiguitos del alma, con apestar hediondamente con las basuras y con aeropuertos llenos de conejos en sustitución de unos aviones que ni están ni se les espera de momento.   Y resulta ahora que no tiene con qué pagar la Dependencia ni la Sanidad ni la Educación públicas, ni las Pensiones, ni las medicinas, ni a ningún proveedor -sea de lo que sea-  nada de nada.
Los Calvitos

Rajoy, que tanta ayuda urge de todos para apechugar con la crisis que de pronto descubrió el 20-N, apoyó a Camps públicamente, y fue elegido nuevamente presidente del PP en el Congreso celebrado en Feria Valencia, evento a cargo también de Orange Market. Ahora nadie quiere saber nada, pero durante años todos han dejado hacer. Y ahora están en el Gobierno de España. 

Que no se nos olvide.



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