jueves, 13 de enero de 2011

HAITÍ, UN AÑO MÁS DE HAMBRE Y MISERIA

Se cumple un año hoy de  una de las peores tragedias ocurridas en el mundo: el terremoto que destruyó gran parte de uno de los países más pobres del mundo, Haití.
La tierra tembló, engulléndose casas y vidas, sin distinguir cuál era su mejor festín. Miles de personas de todas las edades perdieron su ya exigua vida en esta horrenda tragedia. Mucha fue, en principio, la movilización internacional en ayuda de este pueblo tan necesitado, miles de haitianos salvados, muchos arrancados de las garras de la muerte-tierra por el esfuerzo impagable de los bomberos que allí se desplazaron. Pero, fue tal el bramido de la tierra, que el tiempo ha ido transcurriendo y nada parece haberse solucionado. El olor a muerte todo lo dominó, impregnando ropas y almas, y allí parece haberse autoinvitado perennemente. 
Vinieron después las lluvias torrenciales, y las gentes,  sin techo ni suelo donde cobijarse, hacinados, huyendo de un lado a otro sin saber donde encontrar un mínimo auxilio. Las condiciones da salubridad, nulas. Comiendo y bebiendo contaminació. La imagen de los niños preñados de desnutrición desgarraba el alma. Primero fue la tierra la enfadada, ahora eran los cielos, sin poder contener las lágrimas ante una humanidad en condiciones inhumanas.

La situación era la propicia para que otra plaga terrible azotara a los haitianos, y, ya bien instalado el otoño, se aposentó para seguir azotando a estas gentes: llegó el cólera. Y con el cólera, la parca, dueña de todo. Consigo se ha llevado, sin miramientos, a jóvenes, ancianos, niños, todos absorbidos por sus propias heces. Y la ayuda internacional llega como llega. Médicos sin fronteras (MSF) allí ha formado su provisional hogar. Pasan de 8.000 las personas entregadas día y noche a salvar vidas. De los cerca de 180.000 afectados todavía por el cólera, más de 170.000 han sido trasladados por MSF, Cuba se está haciendo cargo de prácticamente el resto. Las siete plagas bíblicas aparentemente todavía ausentes   las está ejerciendo, y en ello seguirán, a)tanto las "autoridades" dictatoriales haitianas, poniendo todos los obstáculos posibles en el reparto de ayudas a los damnificados, incluso las tiendas de campaña, b)como la lentitud y reticencia de las ayudas internacionales y c)los sinvergüenzas que montan entramados de fundaciones y ONGs para desviar el dinero tanto público como el donado por particulares y  lustrarse personalmente. El más cercano de los ejemplos lo tenemos en el Conseller de In-solidaridad ciudadana, Rafael Blasco. Este personaje de extrañísimo viaje ideológico,  FRAP-PSPV-PPultra, elige la Fundación Solidaria Entre Pueblos (centro de la red desviadora del dinero recogido) para "construir" un hospital en Haití, con 3'8 millones de euros del erario público más las donaciones de los valencianos. De tener conciencia y honor no podría dormir, pero como la única meta de su vida es verse vorazmente los bolsillos llenos, vive muy tranquilamente, mientras pueblos como el de Haití mueren de hambre y de desolación.
La alegría de Haití, sin embargo,  aún puede mostrarse, a pesar de estos desvergonzados infames, gracias a la sonrisa y a unos enormes ojos negros, que reflejan el cielo, de los niños. Niños de alma limpia y sonrisa resplandeciente.
Esta alegría que surge de lo más profundo del corazón no se puede comprar con dinero. Ni los mandatarios haitianos, ni los fondos internacionales que hinchan los mercados, ni tipos como Blasco tendrán jamás la paz que de estos rostros ingenuos se desprende.

2 comentarios:

  1. Querida María Dolores: tenemos la memoria en los riñones. "Purificamos" los acontecimientos y los expulsamos como detritus. Y ahí quedan los hombres, la mujeres, los niños relegados a un recuerdo de impacto misericordioso pero imjusto."Aspiramos a ser tan pobres como antes del terremoto" Lo ha dicho un ahitiano. Tremendo. Y el mundo ya olvidó el escalofrío de la tierra que se llevó a doscientos cincuenta mil ahitianos.
    Preferimos la anestesia a la lucha. La memoria ya no reside en el corazón.

    Besos. Rafael

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  2. Hola, mi querido amigo. Cuánta razón tienes y qué fuerte son las palabras que citas, "Aspiramos a ser tan pobres como antes del terremoto", pero no más, por favor, añadiría yo.
    Es increible, aunque cierto, la ausencia de conciencia ética en el mundo del dinero. Es el dinero el único dios al que se adora. No importan las catátrofes, ni las calamidades, ni el hambre, ni el sufrimiento de más de media humanidad. Y nos llamamos civilizados...
    Gracias, Rafael, por compartir tus sentimientos conmigo.
    Un beso.

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