sábado, 14 de enero de 2012

DE FORNICACIONES Y OTROS ENTRETENIMIENTOS

Ya no es noticia la carta dominical  -"Huid de la fornicación"-  de este ministro de la Mezquita de Córdoba, Demetrio Fernández González, debido a las groseras palabras leídas en lugar tan poco apropiado, y de las que se han hecho eco los diferentes medios de comunicación.
No son nuevas estas extravagancias por parte de este señor. En 2010 se desayunó con la estrafalaria afirmación de que la Unesco tenía un plan para "hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual". También 'avivó' los ánimos de la ciudadanía de Córdoba al llegar allí como obispo expresando su malestar en que la Mezquita sea llamada y conocida como tal en lugar de cambiarle el nombre por el de 'catedral'.

Ahora, no se sabe por qué -tampoco hace falta un motivo-, el obispo, quizá sintiéndose más arropado por la ideología del nuevo gobierno salido de las urnas el 20-N, ha querido ser de nuevo portada en los medios de comunicación.

Adán y Eva
Su carta dominical la hace girar en torno a unas palabras de Pablo a los corintios a los que, en aquellos momentos, "exhortó a huir de la fornicación" porque "el cuerpo es el templo del espíritu santo". Sin tener en cuenta los siglos transcurridos desde el momento en que las epístolas paulinas están fechadas, -alrededor de los años 50-60 d.C. y la evolución de la cultura hasta los días presentes, es decir, desde una total descontextualización, Fernández González acusa brutalmente 'a los medios de comunicación, cine, televisión, algunas escuelas de Secundaria  y dentro de sus programas escolares" de exhortar a la fornicación, echando la 'culpa' a la libertad   postulada por el anterior Gobierno socialista.
Sigue hablando Demetrio Fernández de la sexualidad añadiendo que ésta se halla contemplada en el 'Evangelio como expresión del amor verdadero, amor que no busca sólo su interés y su satisfacción, sino que es donación, entrega...y tiene su ámbito y su cauce en el matrimonio estable y bendecido por Dios'.

La carta habla después de la castidad, "es la virtud que educa la sexualidad, haciéndola humana y sacándola de su más brutal animalidad".
Durante las fiestas de Navidad afirmó que la felicidad es algo intrínsecamente vinculado al "matrimonio estable, en el seno de una familia como Dios manda".

Estos 'profundos' conocimientos de monseñor Demetrio Fernández acerca de la sexualidad, de la castidad, del matrimonio, de la felicidad, y el simultáneo ataque a todo aquello que pueda proporcionar divertimento o placer no son más que las manifestaciones de una persona de la que se diría que tiene alguna tara mental, si no fuera por el profundo respeto que los enfermos mentales nos merecen.

Son unas declaraciones absurdas, sin fundamento, aunque sí fundamentalistas. Son manifiestas de un excelso analfabetismo de la psicología y la antropología, y de un simplismo infantiloide con afán de adoctrinar mentes esclavizándolas y mantenerlas cerradas a lo que no sea la manipulación perversa de estas sotanas huecas de corazón y alma.
Los Calvitos
Nada dice monseñor de la gravedad de la pederastia, que tanto daño ha producido desde las filas de esta iglesia a tantos y tantos infantes.


Es gravísimo el problema de la represión sexual a la que estos 'servidores del Vaticano' están sometidos y cuyas consecuencias pueden verse transformadas en patológicos dardos envenenados y en un destrozo absoluto de la serenidad y equilibrio del ser humano.


Pero ¿por qué tanta preocupación por el sexto mandamiento?  Cierto es que el subconsciente dicta las palabras de las amarguras íntimas. Y además es una manera de desviar la angustia ante los auténticos problemas socio-económicos del momento presente, y agravados muy seriamente por las políticas practicadas por el nuevo gobierno del PP.


Mientras se mantengan abducidas y anestesiadas las graves preocupaciones que afectan a buena parte de la población (y en el presente caso se trata de ciudadanos andaluces cuyas próximas elecciones se producirán el 25 de marzo), es más fácil que este entretenimiento falaz pueda distraer de las verdaderas inquietudes que deberían estar presentes en las vidas de las gentes.

Y es indignante que esta iglesia católica, que está al quite para desprestigiar al anterior gobierno socialista por cualquier cosa, continúe con sus particulares privilegios por los que recibe por distintos conceptos la friolera de unos 10.000 millones de euros al año, justo una cuarta parte de lo que Rajoy va a arrebatar a los españoles de a pie para saciar la voracidad de los mercados y tener contenta a la señora Merkel.


Y es más inaguantable todavía que esta jerarquía bien comida y bien bebida se dedique a perder el tiempo en estupideces, siempre al lado de los poderosos, en lugar de trabajar a favor de los muchísimos hambrientos y enfermos del mundo. Desde luego cristiano esto no es.



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