jueves, 25 de noviembre de 2010

DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE SEXO

Debido al brutal e injusto asesinato de tres mujeres latinas en un 25 de noviembre de 1960, se tomó la decisión desde los diferentes gobiernos de convertir tal día, el 25 de noviembre, en fecha conmemorativa y recordatoria del NO a la violencia contra las mujeres.

A día de hoy son ya 64 las mujeres asesinadas por sus parejas.  Estos viles descerebrados, haciendo uso de su fuerza física y de sus increíbles rencores, no aceptan el rechazo de la mujer hacia ellos, o que la mujer sea muy capaz de estar muy por encima de ellos. Su atávica mentalidad no soporta que una persona de sexo femenino pueda hacer no sólo el trabajo que ellos puedan realizar, sino muchísimo más. Los celos y la envidia son una enfermedad que los médicos todavía no pueden curar, y su consecuencia se deriva en aquello de "la maté porque era mía".
Lo que es un gran logro para todos, y en especial para la mujer, el poder librarse de la única obligación que le era imperativamente impuesta -y en eso sigue empeñada la Iglesia católica: su trabajo en el hogar y al servicio del marido,  su único amo, criando todos los hijos que Dios quisiera darle-, al conseguir romper estas terribles cadenas, y demostrarse a sí misma que su valía es mucho más amplia, ha obtenido como respuesta el temor de su dueño y señor, que se le revuelve, la maltrata, y, si puede, acaba con su vida..

Estos maltratadores no saben ni de cultura, ni de estudios, ni de títulos. Igual encontramos en este grupo de cobardes a carpinteros, electricistas, magistrados, catedráticos...Lo único que les asemeja es su enorme cobardía y envidia enfermiza. No pueden aceptar que otro sea mejor que ellos, y mucho menos si se trata de su pareja ¡que, encima, es simplemente mujer!.
Los malos tratos son de índole muy variada: desde el desprecio, el insulto, los golpes hasta el asesinato. 
El más difícil de demostrar es el maltrato psicológico  -e, incluso el más difícil de interiorizar por la propia víctima-. La sutilidad del manipulador consiste en hábilmente ir mermando la autoestima de su pareja, día a día, convirtiéndose a la vez en su "salvador" ante las "incapacidades y torpezas" que ella comete a cada instante. Con el tiempo, ella está convencida de que no sirve para nada, y que sin su protector le sería imposible sobrevivir. Se ha consumado el primer paso, la dependencia emocional y aislamiento de ella respecto a todos, excepto su verdugo. Vienen después los desprecios e insultos, ya proferidos abiertamente. Debido a que ella está inmersa en esta espiral de falta de autoestima y dependencia emocional, nada entiende y procura desagraviar a su compañero, pidiéndole incluso perdón por algo que desconoce haber hecho u omitido; éste es el segundo paso conseguido por el maltratador. Pero éste, no satisfecho, tiene que continuar humillando a su víctima, y aquí comienzan los golpes, es decir, el maltrato físico

Es éste un momento crucial: si ella se percata de lo que realmente sucede y es capaz, además, de ver la realidad anterior a este momento, reacciona, planta cara, denuncia y así puede procurar que no se culmine la brutalidad de su propia muerte. Pero, en demasiados casos, es tal la dependencia emocional hacia el maltratador que aun piensa que la culpa es de ella. En este grupo de mujeres tampoco influye el grado de cultura ni estudios realizados; es algo distinto, de índole puramente emocional.
Le sucedió a ella. Así estuvo aguantando años, demasiados. Dejó de quererse a sí misma, se autodespreciaba. Tenía independencia económica total, los ingresos de su trabajo eran idénticos a los de él, pero se sentía incapaz de vivir sin él. Los malos tratos iban in crescendo, hasta llegar a una situación infernal. De pronto, se le hizo la luz y acudió a la policía. Fue el comienzo del fin de un calvario demasiado tiempo a cuestas.
Todavía le echó de menos al principio. Pero un día despertó sin acordarse de él: estaba curada.
Con el tiempo viene la objetividad y la perspectiva de lo soportado. Le parece imposible lo aguantado demasiados años. Ahora es libre, y su libertad es el mayor grado de felicidad que puede alcanzar.
Ella, antes, nunca quiso hablar de la esquizofrenia de vida en que se veía sumida. En su trabajo era una persona alegre, progresista. Pero, al entrar en casa, su personalidad se metamorfoseaba. Ahora no le importa hablar abiertamente del pasado, acepta su debilidad de entonces, y su mayor logro es la superación de lo sufrido y la felicidad del presente.
Nada es extrapolable de manera  generalizada, pero sí puede servir de aprendizaje. Y, sobre todo, es imprescindible la reafirmación en una misma, quererse aunque sea un poco y hacer lo que  sea por mantener viva la autoestima. Éste debe ser el primer paso para evitar los execrables abusos de que puede ser víctima. 

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