martes, 16 de noviembre de 2010

LA HOJA ROJA

Valor simbólico del crisantemo
En la novela La hoja roja, su autor, Miguel Delibes, utiliza para su  título  una acertadísima metáfora del aviso de La Parca. El protagonista, Eloy Núñez, tras su jubilación, a los 70 años,  tras cincuenta y tres de servicios ininterrumpidos, reflexiona, ante la desatención de antiguos compañeros,  y después ante los ariscos hijo y nuera, que la jubilación es la antesala de la muerte: " a mí me ha salido la hoja roja en el librillo de papel de fumar" . (Recuerdo, como en sueños, estos librillos que mi padre compraba para liar los cigarrillos de tabaco machacado, en los que salía una hoja roja para avisar de que quedaban sólo cinco hojas blancas, por lo que había que comprar pronto otra cajetilla, porque ésta estaba ya a punto de desvanecerse).

Esta antesala de la muerte está emotivamente narrada también en otra novela; ésta de José Luis Sampedro, La sonrisa etrusca, en la que a Salvatore Roucone, Bruno, tras conocer, en su vejez,  la auténtica felicidad por la ternura que despierta en él su nietecito, Brunettino, y el amor sosegado de Hortensia, rechaza más amargamente los avisos de la Rusca, la bicha  que le muerde las entrañas.

Este mal, cuyo nombre procuramos no pronunciar, por si consiguiéramos hacer el conjuro de que pase de largo y no se pose en nuestra persona, es denominado a través de  perífrasis eufemísticas: "no tiene nada bueno", "enfermedad de larga duración"...Pero tiene un nombre, que no es otro que cáncer.

El cáncer en sus múltiples variedades no es enfermedad de viejos; la misión de sus células multiplicándose a la deriva y a una velocidad increíble  atacando a cualquier edad  y a cualquier zona del cuerpo,  sin dejarnos gozar de lo que la Vida pudiese depararnos, es  arrastrarnos a la muerte, a la nada.

Qué de sensaciones se experimentan cuando el médico confirma que padeces un cáncer. Ella era, es, fuerte; siempre ha plantado cara a la Vida y, ante los sinsabores padecidos, no sin parco esfuerzo, ha salido vencedora. Su vida no ha sido fácil, pero el carácter positivo y luchador la ha llevado en todo momento a sobreponerse, trabajar, bregar, no doblegarse fácilmente ante las adversidades y de esta manera, conseguir salir adelante. Todavía no se deja domeñar, y al lado de sus hijos se halla en los momentos complicados de éstos.

Pero el cáncer es otra cosa. Acudió sola, por supuesto,  a la consulta del médico. Sabía, por intuición, lo que éste le iba a decir; pero siempre quedaba la remota esperanza de que el especialista diagnosticara una dolencia sencilla. No fue así. Su intuición, una vez más, no falló.

Regresó a casa aparentemente tranquila, encargó el preparado recetado por el médico. Comunicó a sus familiares y amigos la dolencia que de ella se había apoderado. Lo hizo serenamente, como quitándole importancia. Pero la procesión va por dentro, como suele decirse. Tiene momentos alegres, los procura. Otros, sin quererlos, se posesionan de su cabeza provocando malestar, cierto nerviosismo...

El primero de diciembre sabrá cómo va evolucionando la quiomioterapia tópica que ahora se aplica. Entonces conocerá más certeramente qué va a suceder.
Mientras tanto, donde mejor se encuentra es en su casa, rodeada de sus cosas, escuchando música y  con el teclado acariciado por sus dedos. Pero hay que salir, hay que pasear, continuar la vida de siempre, como si nada hubiese sucedido... Pero es que sí ha sucedido...También a ella le ha salido su particular hoja roja.

Desconcierto, confusión pueblan sus pensamientos. Y esto es lo que hay...

¿Hasta cuándo?, ¿Por qué a ella?. ¿Por qué no a tantos y tantos sinvergüenzas que gozan haciendo el mal a sus semejantes? ¿Alguien sabe la respuesta?

Y, llegado el momento, todo se ha acabado para siempre. Nada queda y nada hay. Ningún consuelo en un más allá. Imposible su creencia. Tampoco vale el que sea voluntad de Dios. Si Dios existiera, nada de esto -y otras cosas muchísimo peores- sucederían. No. No pedimos nacer y, sin embargo, se nos obliga a morir, aun a costa de ir en contra de nuestra voluntad.  

La vida es esto. Y mientras se vive hay que aprovechar y disfrutar de cada uno de sus momentos agradables,  carpe diem, que después ya no se puede.

De todas formas, ella procura que el equilibrio predomine en su estado de ánimo. Hay que luchar, todavía le quedan cosas por resolver. Daniel debe tener una independencia económica que le ayude no sólo a vivir dignamente, sino a sentirse tranquilo y llegar a ser feliz; y ello únicamente lo puede proporcionar un trabajo estable y acomodado a su situación actual. Y, tal como, en estos momentos, está la situación económica,  esta meta no es fácil.

También tiene muy claro que hay hechos de los que uno es responsable y/o culpable de lo acaecido, y por los que debe sentirse orgulloso o, más bien, todo lo contrario. Pero las enfermedades nos sobrevienen sin llamar a la puerta de  nuestro ser. Son ellas las que mandan, y los sujetos afectados, sus súbditos, sus víctimas. Y justo por ello, nadie tiene por qué avergonzarse por el hecho de que una bicha  se haya convertido dictatorialmente en gobernanta nuestra.

Y siempre, con  la cara bien alta y la dignidad por bandera. Lo demás ya vendrá...

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